Primera parte

 
 
 
 

En las siguientes 4 piezas, Clase Azul Spirits hace memoria de lo que es la creación y los dioses antes de que habitaran los humanos, es la época Pre histórica. Reflejamos la cosmovisión y la manera de amar al mundo de los indígenas Latinoamericanos.

 
 
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Traducido del kiché, lengua maya, es el Libro del Consejo o Libro de la Comunidad, con leyendas de los Mayas que explican el origen del mundo y de la civilización. Este libro fue traducido en 1701 por Fray Francisco Ximénez.

El manuscrito original fue vendido a un coleccionista, y luego fue comprado por Edward E. Ayer, quien lo devolvió a América. El Manuscrito original se encuentran en la Biblioteca Newberry, en Chicago, Estados Unidos.

La botella de color obscuro representa el inicio del mundo aún incierto, sus tonalidades cálidas remontan al origen de tierra y su fertilidad. A su alrededor, una serpiente emplumada desciende de ella en representación a la sabiduría, al conocimiento otorgado por los dioses mayas. Su andar arrastrado representa la verticalidad, la unión entre la tierra y el cielo.

Por otro lado, su tapón está formado por un sólido pedazo de ámbar fosilizado hace aproximadamente 25 millones de años.

Su caja de olinalá, lleva tallada a su alrededor los jeroglíficos mayas sobre el origen del mundo, descritos en el libro del Popul Vuh.

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Según los aztecas, el origen de la tierra se dio por el dios Ometeotl que tenía un lado masculino, y un lado femenino, él es el dios andrógino del fuego y del panteón azteca que definió los cinco soles, periodos en los que se creó la tierra y el hombre con una divinidad en cada uno. Según la cultura azteca, el quinto sol es el periodo en el que vivimos actualmente.

La Leyenda de los Soles es un mito de origen nahua, recopilado de la tradición oral y consignado, junto con el mito de la Creación del Quinto Sol, en el Códice Chimalpopoca.

 
 

La botella representa estos 5 periodos plasmados en 5 círculos concéntricos. Partiendo de afuera hacia adentro, expresa cómo los 4 dioses dan su vida por el quinto sol, aquel donde comienzan los tiempos del mundo, el devenir del universo y el nacimiento del hombre. Éste es el sol en el que actualmente vivimos, que terminará según los aztecas, con un gran terremoto.

La caja de ésta pieza, muestra a todas aquellas almas entregadas en sacrificio al quinto sol.

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Cuenta la leyenda que Mayahuel era una bella diosa azteca, quien escapó de casa de su abuela para irse con el dios Quetzalcóatl y transformarse en ramas, fundiéndose en un mismo árbol. Pero la abuela de Mayahuel los descubrió y llena de furia mandó que la comieran las estrellas. Quetzalcóatl quedándose inmóvil, recogió los restos de Mayahuel y los enterró, haciendo brotar la primera planta de agave. Ésta, al ser atravesada por un rayo, emerge del corazón del agave el néctar; la sangre de Mayahuel. Desde entonces el mezcal y el tequila asumieron a Mayahuel como diosa, la diosa de la embriaguez.

Esta botella muestra a Quetzalcóatl y la diosa Mayahuel enredados uno con el otro en la espiral del deseo, amándose y a la vez, haciendo brotar de su cuerpo, ese néctar, representado en un pedazo de ámbar, que simboliza la sangre de Mayahuel.

Su caja, por otro lado, contiene en la superficie 400 pechos con los que Mayahuel alimentaba a los 400 conejos, también representados en la parte inferior. Esto como símbolo de la fertilidad femenina y el líquido lechoso emanando de su cuerpo, que alimenta la embriaguez de los seres humanos.

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También llamado cárabe o succino (del latín succinum) es una piedra preciosa hecha de resina vegetal fosilizada proveniente principalmente de restos de coníferas y algunas angiospermas. Cuando los árboles exudan esta resina se endurece por polimerización, algunas veces con materia orgánica o insectos que quedan atrapados su interior durante millones de años.

 

Esta botella es una pieza única formada de cientos de piedras ámbar, de diferentes edades, texturas y tamaños, la gran mayoría aún en crudo, sin pulir, representando su estado natural en la creación de universo.

Para los antepasados mexicanos, los dioses eran quienes bajaban por los árboles en forma de resina y exudaban piedras preciosas llenas de insectos, semillas y vegetales.

Una pieza que por sí sola conlleva la riqueza de millones de años atrapada en cada uno de sus incrustaciones.

La caja está trabajada en oro de 24 quilates haciendo alusión al color vivo y brillante del ámbar, con motivos estilizados de flores e insectos que quedaron fosilizados con el paso del tiempo haciéndonos partícipes del pasado.